CSN: un título que parece más nombre que contenido

Comunidad Sudamericana de Naciones: un título que parece más nombre que contenido Por Susana Pezzano* | 07 de diciembre de 2004

Los procesos de integración en América latina siguen generando inquietudes y dudas acerca de las posibilidades reales de construir organismos supranacionales. ¿El MERCOSUR y la CAN son una ficción política?

“En el subdesarrollo todo se olvida. Nadie es consecuente”. Es la mejor definición que conozco y no la aprendí en ningún libro de sociología. La escuché en la famosa película cubana, basada en el libro homónimo de Edmundo Desnoes: “Memorias del sudesarrollo”. Más que una amnesia colectiva, es la incapacidad de terminar lo que se emprende.

Por ejemplo, se suman organismos de integración y se institucionalizan iniciativas que comenzaron funcionando como sencillas pero eficientes instancias de concertación. Pero una vez creado el sello, no se pagan las cuotas y se incumplen las normas acordadas.

Recordé la frase de Desnoes al leer el aluvión de declaraciones, algunas contradictorias y otras bastante confusas, sobre la Comunidad Sudamericana de Naciones que nacerá el 8 y 9 de diciembre, en Perú, con la suscripción del acta fundacional por doce países de la región.

Primer olvido, la paternidad de la idea. Ni el argentino Eduardo Duhalde, presidente de la Comisión de Representantes del MERCOSUR, ni el mandatario brasileño, Lula, ni su homólogo venezolano, Hugo Chávez. Fue una iniciativa del ex jefe de estado Fernando Henrique Cardoso, quien convocó el 1 de setiembre del 2000, en Brasilia, a la I Reunión de Presidentes de América del Sur, en el contexto de la conmemoración de los 500 años de la independencia de ese país.

Aquella reunión sí fue pionera en América Latina y tuvo un alto poder de convocatoria al congregar a la totalidad de los presidentes invitados: los cuatro países del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), los cinco de la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), Chile, Guyana y Suriname.

Segundo olvido: hasta hace un par de días, tanto Duhalde, representando al MERCOSUR, y las delegaciones de Argentina y Uruguay hablaban de diez países. Ni siquiera se mencionaba a Guyana y Suriname y aún se desconoce si asistirán o no a la cumbre de Perú. En la II Reunión de Presidentes de América del Sur, efectuada en Guayaquil en el 2002, estas dos naciones se hicieron representar por sus cancilleres, en tanto que Uruguay envió a su vicepresidente.

¿Nadie es consecuente? Para la próxima reunión, hasta el domingo 5 se habían excusado los presidentes de Uruguay, Argentina, Ecuador y México, invitado como observador. Los dos primeros por “razones médicas”, el otro par porque debía atender “asuntos de política interna”. Mal augurio para la fundación de una Comunidad de Naciones que sus líderes privilegien lo doméstico sobre la unión internacional.

Es verdad que los puntos observados pueden considerarse “cuestiones de forma”.

Tal vez más preocupante, por ser un problema de fondo, sea el tenor grandilocuente, alentando exageradas expectativas, con que se ha pretendido “vender” la idea de la rápida puesta en marcha de una Comunidad Sudamericana, similar a la Unión Europea. Huele a las típicas operaciones de “marketing político”, pero se corre el riesgo de desgastar el proyecto sembrando falsas ilusiones que demorarán demasiado en transformarse en hechos concretos.

Un diplomático peruano, con varios años de experiencia en la integración, se lamentaba de que la Comunidad Sudamericana terminó convirtiéndose en “una idea sacada de la manga con más nombre que contenido”. Un colega argentino, que ocupó altos cargos en organismos internacionales, advertía que la “tarea es gigantesca y continuada”, pero no le veía “uñas de guitarrero, ni vocación de unidad y muchos menos constancia a los actuales dirigentes gatopardistas, centrados en el corto plazo”.

Para tener una idea de la complejidad del proyecto, bastaría con recordar que uno de pilares económicos de la Comunidad Sudamericana es la zona de libre comercio entre la CAN y el MERCOSUR, un proyecto nacido en abril de 1998 que debía entrar en vigencia el 1 de enero del 2000. Sin embargo, las negociaciones se prolongaron hasta diciembre del 2003 y el Acuerdo de Complementación Económica se protocolarizó recién el pasado 18 de octubre, en ALADI.

Fue a partir de esta idea inicial, entusiastamente promovida por el entonces Secretario General de la CAN, el venezolano Sebastián Alegrett, y la cancillería brasileña, que se fueron acercando posiciones entre los andinos y el MERCOSUR. No fue un proceso fácil y más de una vez primaron los intereses sectoriales de los empresarios sobre la supuesta “voluntad política” de los gobiernos a favor de la integración.

Colombia y el ex presidente del Perú ,Alberto Fujimori, torpedearon las negociaciones. Chávez intentaba desde entonces ingresar al MERCOSUR mientras incumplía la normativa andina. A pesar de estas dificultades, en el 2001 se inició el diálogo político entre los cancilleres de ambos bloques con la finalidad de trascender la camisa de fuerza de la integración comercial y avanzar gradualmente hacia la convergencia de ambos mecanismos para constituir el espacio sudamericano.

Ese también fue el espíritu de la I Reunión de Presidentes de América del Sur del año 2000 Los principales lineamientos y objetivos para la creación del espacio económico sudamericano quedaron plasmados en una declaración de 62 puntos. Se completaba con el Plan de Acción sobre Infraestructura Regional, elaborado por el BID.

La propuesta del BID dio lugar a la creación de la Iniciativa para la.Integración de la Infraestructura Regional de América del Sur (IIIRSA), con fuerte apoyo de la Corporación Andina de Fomento. En la II Cumbre, en Guayaquil, IIIRSA fue la “niña bonita” de la reunión al identificar 162 estudios y proyectos por 23.500 millones de dólares en las áreas del transporte, energía y telecomunicaciones.

La zona de libre comercio entre la CAN y el MERCOSUR, con plazos de desgravación hasta quince años, y los trabajos de interconexión regional a través de IIIRSA son los logros más viables – y por ahora visibles- de la Comunidad Sudamericana. El camino está iniciado y solo se requeriría su progresiva consolidación.

La coordinación política y las posiciones conjuntas frente a negociaciones internacionales resultan, actualmente, más que utópicas. Tanto el MERCOSUR como la CAN continúan siendo uniones aduaneras imperfectas. Dentro de la propia CAN, tres países – Colombia, Ecuador y Perú- están negociando un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos que excluyó a Venezuela y apenas acepta a Bolivia como observador, sujeto a los contenidos que se aprueben de la Ley de Hidrocarburos.

MERCOSUR, en cambio, centró sus baterías en un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que debía culminar en octubre, pero se postergó a raíz de divergencias sobre subsidios agrícolas, propiedad intelectual, servicios y compras estatales. En ese contexto, menor será el respaldo que podrá esperarse de esos cuatro países, reforzados por Venezuela que ingresará en diciembre como miembro asociado, al agónico proceso del Area de Libre Comercio de las Américas que debía estar listo para el 2005.

La coordinación de políticas macroeconómicas no pasa de ser un espejismo tanto en MERCOSUR como en la CAN. Y la famosa unión monetaria suena hasta risible en una región andina donde Ecuador tiene el dólar como moneda y Venezuela lleva casi dos años con un rígido control de cambio. Ni hablar en el sur, donde Brasil parece apostar a la devaluación controlada del real para aumentar sus exportaciones y Argentina prefiere mantener el dólar relativamente alto, a casi tres por uno.

En el plano estrictamente político, el académico argentino Juan Gabriel Tokatlián, de la Universidad San Andrés de Buenos Aires, diferencia una América del Pacífico- Chile, Perú, Ecuador, Colombia- con fuertes lazos hacia Estados Unidos, de una América del Atlántico – Argentina, Brasil , Venezuela y próximamente Uruguay- que toma distancia del ALCA y apuesta por un sistema multipolar en las relaciones internacionales.

Las posibilidades de presentar una “voz común” suenan lejanas. En la propia CAN, los tres países que negocian el TLC con Estados Unidos reconocen que buscan un “traje a la medida” con la excusa que cada uno tiene una estructura productiva e intereses distintos. Y en el MERCOSUR, Uruguay y Brasil presentaron sendas candidaturas para presidir la Organización Mundial de Comercio.

Sin embargo, más allá del grado retórico o pragmático de los dirigentes, existe un espacio sudamericano de aproximadamente 17 millones de kilómetros cuadrados, rico en biodiversidad, energía, minerales y alimentos, con un Producto Bruto Interno de casi un billón de dólares y exportaciones al mundo por 181 mil millones de dólares. Es una región de 361 millones de habitantes con más del 40 por ciento de pobreza y la peor distribución del ingreso del planeta. Una región que aspira a salir del sudesarrollo. ¿Podrá lograrlo esta vez o la integración se sumará a la retahíla de sueños olvidados?

*Periodista argentina radicada en Caracas


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: